De blisters a jeringas

Dos miembros de la Universidad Nacional de San Martín se han asociado para producir jeringas para uso médico a partir del reciclado de material de descarte de la industria de medicamentos.

El proceso consiste en recibir el recorte de PVC, lavarlo, hacer los pellets de PVC y el producto depositarlo directamente en la máquina inyectora de plástico. Una vez creado el cuerpo y el émbolo de la jeringa, se le imprime la graduación en mililitros y se empaca y esteriliza el conjunto.

La jeringa tendrá una doble traba de seguridad que la hace autodescartable con responsabilidad del usuario, esto quiere decir que luego de usada el usuario puede llevar el émbolo a su posición final, lo que bloquea la jeringa e impide que se la vuelva a usar.

Además, el émbolo será todo de una sola pieza, no tendrá tapón de goma, ya que éste necesita una pequeña cantidad de aceite que haría que ese tipo de jeringas no fueran aptas para ciertas investigaciones o estudios de cromatografía.

Los emprendedores del proyecto, Gastón Comesaña y Rodrigo Sánchez Castellano, son miembros de la Universidad Nacional de San Martín. La idea consiste en retirar gratuitamente los recortes para desarrollar el prototipo. En el país hay cerca de 3600 laboratorios que se ven obligados a pagarles a otras empresas para retirar estos recortes y luego destruirlos.

Cuando se hace el envasado de los medicamentos en los llamados blisters, se hace un recorte de material que no tiene ningún contacto con drogas ni contaminantes. Es un PVC virgen de altísima calidad y, por regulaciones de la industria de la salud, debe cumplir con normas muy estrictas de pureza. Es un residuo grado 1, es decir que se biodegrada en 1000 años, por lo que las regulaciones de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) obligan a que los laboratorios lo destruyan. Gastón Comesaña, uno de los emprendedores y Rodrigo Sánchez Castellano quieren recuperar este material para usarlo en la fabricación de jeringas.

Hoy en día se están importando unas 750 millones de jeringas por año, lo que representa el 80% del mercado. El otro 20% se fabrica en el país, pero la tecnología usada para producirlas hace que su calidad no las haga aptas para algunos usos.

El desarrollo de las primeras fases de la idea se hizo gracias a la asistencia del programa BA Innova Tec de la provincia de Buenos Aires. Hoy cuentan con un subsidio Empretecno de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCyT) de $1.640.000, gracias al cual se ha comprado toda la maquinaria especializada y se están realizando todas las validaciones para el desarrollo del producto.