Los racistas alemanes y los chocolates kinder

CUALQUIER MOTIVO QUE ALUDA A LA INMIGRACIÓN PUEDE DESATAR UNA REACCIÓN RACISTA COMO ES EL CASO DE LOS CHOCOLATES KINDER, LA POPULAR GOLOSINA QUE LLEVÓ EN SU ENVOLTORIO LAS FOTOS DE VARIOS JUGADORES DE LA SELECCIÓN ALEMANA DE FÚTBOL.

Jérome Boateng, cuyos padres provienen de Ghana, aunque el mediocampista del Bayern Munich nació en Berlín, se habrá preguntado cómo es posible que alguien pueda discriminar a otra persona por el color de su piel o su nacionalidad.

La foto de Boateng, cuando era un niño, apareció en el papel de los chocolates Kinder junto a la de otros integrantes de la selección alemana que se coronó campeón mundial de fútbol en Brasil 2014, tras vencer 1-0 a la Argentina. También se ve al mediocampista Ilkay Gündogan, de origen turco.

El caso ocurre en un momento especial de Europa, donde la ultraderecha estuvo a punto de ganar la presidencia de Austria por primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945.

Y muchos se preguntan si el posible triunfo del virtual candidato republicano Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos no podría significar el resurgimiento de algún tipo de fascismo, a raíz de su promesa de construir un muro en la frontera con México para frenar la inmigración.

Por supuesto, la iniciativa de poner fotos de los jugadores (cuando estos eran niños) fue una buena idea del grupo italiano Ferrero, con miras a la Eurocopa que se iniciará el 10 de junio con el encuentro que disputarán las selecciones de Francia y Rumania en el Stade de France, en las afueras de París.

«Me dan ganas de vomitar», escribió un miembro del grupo xenófobo y antimusulmán Pegida (Patriotas europeos contra la islamización de Occidente), en su cuenta de la red social Facebook, en la región Baden-Württemberg, ubicada al suroeste del país.

Otras expresiones de miembros de Pegida fueron las siguientes: «No los voy a comprar más»; «Pobre Alemania»; incluso otro miembro de este grupo ultraderechista se preguntó si las fotos «eran de futuros terroristas».

Pero no todos reaccionaron igual: la revista satírica alemana Titanic se burló del caso publicando una edición «Pegida de Kinder», con fotos de la infancia del genocida Adolf Hitler y de Ander Behring Breivik, el noruego de extrema derecha que mató en Oslo a 77 personas en 2011.

Más allá de estas bromas, que describen el humor de los alemanes, lo cierto es que alrededor de un millón de refugiados se han visto favorecidos por la política de «puertas abiertas» que impulsó la canciller (jefa de gobierno), Angela Merkel.

Pero la integración de los recién llegados -que deben aprender alemán- ha mermado la ayuda del Estado y generado polémicas entre la población.

«Obviamente, esto (de los chocolates) es una barbaridad. Lo importante no es pensar por qué hay estas expresiones, sino por qué ocurren ahora», se preguntó Federico Merke, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés.

Para este analista, dicha expresión de racismo «es la conjugación de dos factores: Por un lado, el estancamiento económico que se percibe en Europa. Por otra parte, la crisis migratoria que en Alemania tiene un papel central».

De todos modos, no es la primera vez que ingresan miles de inmigrantes a Alemania, ya que luego de la unificación de las dos Alemanias, el 3 de octubre de 1990, llegaron centenares de refugiados de los Balcanes.

Esta situación, según algunos analistas, nunca ha provocado desempleo ni un descenso de los salarios ni costos sociales, aunque para otros expertos esto es algo difícil de demostrar.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), llegarán a Europa un millón de personas en busca de asilo en 2016, unas 800.000 a Alemania, la mitad de ellos menores de 25 años.

En medio de este panorama, la agrupación de derecha Alternativa para Alemania (AfD) se perfila como el tercer partido político detrás de la Democracia Cristiana (CDU) de Merkel y los socialdemócratas, tras obtener el 10% de los votos en las elecciones regionales de marzo en los estados de Sajonia-Anhalt, Baden-Württemberg y Renania-Palatinado.

Xenófobos y euroescépticos, con miedo al islam, los derechistas se convirtieron en una opción para los alemanes ante la debacle de los partidos tradicionales.

Pero, además, se beneficiaron con los fracasos de los partidos de izquierda y de los ecologistas Los Verdes.

Desde 2014, las fuerzas de AfD son lideradas por la química Frauke Petri, quien en una entrevista realizada a fines de enero dijo que la policía alemana debe disparar contra aquellos refugiados que crucen la frontera en forma ilegal.

Petri pidió que se refuercen los pasos fronterizos en las zonas del este y del sur de Alemania para impedir el flujo de refugiados que huyen de la guerra de Siria, Irak y Sudán del Sur.

En un clima enrarecido, el pasado 23 de mayo la cúpula de AfD se reunió en Berlín con el Consejo de Musulmanes, pero el encuentro finalizó abruptamente luego de que las diferencias se agudizaran entre las partes.

Por un lado, la AfD señaló que «el islam no forma parte de Alemania», pero los musulmanes no se quedaron atrás con sus críticas: le contestaron que la agrupación de Petri se sitúa en forma cercana a los ideales racistas del Tercer Reich de Hitler.

Más allá de lo que ocurre con los refugiados en Alemania, la política de «puertas abiertas» de Merkel tiene muchos detractores en distintas partes de Europa, incluso en Estados Unidos, donde el magnate Trump considera que «es un desastre en este momento».