Salen a la luz denuncias de abuso sexual que desatan un nuevo escándalo en la Iglesia

Hace poco más de un año, una comitiva del Vaticano había llegado a Salta para investigar a Rosa. Se lo apartó de la Iglesia Santa Cruz, por supuesto desmanejo de fondos y drogas. Hoy se conocieron dos denuncias de abuso sexual.

Escándalo en la Iglesia Católica por denuncias de abuso sexual en Salta. Se trata de dos denuncias que salieron a la luz en un informe de Todo Noticias en contra del sacerdote Agustín Rosa, quien había sido apartado de la Iglesia de la Santa Cruz en octubre del año pasado. En aquella oportunidad una comitiva del Vaticano, encabezada por el obispo emérito de Quilmes, Luis Stöckler, había llegado a nuestra ciudad para investigar el caso. La situación se había manejado con mucho hermetismo, incluso medios nacionales habían asegurado que se lo apartaba por causas vinculadas al desmanejo de fondos y a las drogas, pero en su momento Stöckler lo había desmentido.

Hoy salieron a la luz dos denuncias por abuso sexual en contra del sacerdote Agustín Rosa y de Nicolás Parma. Ambos religiosos pertenecían al Instituto Religioso Discípulos de Jesús de San Juan Bautista que depende del Arzobispado de Salta, incluso Rosa lo había fundado.
TN publica dos testimonios desgarradores: del exnovicio Yir Gyurkovitz, quien denuncia a los dos sacerdotes por abuso sexual simple; y el de la exmonja Valeria Zarsa, quien sufrió denuncia abuso por parte de Rosa. Ambos testimonios se convirtieron en denuncias en la justicia penal. Las causas están radicadas en la fiscalía Nº 2 de delitos contra la integridad sexual de Salta, a cargo de María Luján Sodero. Valeria denuncia al padre Rosa por amenazas coactivas, reducción a la servidumbre y abusos sexuales reiterados contra su persona y otros miembros de la comunidad e incluye una petición de prohibición de acercamiento. La declaración será ratificada y ampliada el 21 de diciembre. Además ambos cuentan con 25 denuncias canónicas que incluyen abuso sexual de menores, corrupción económica y enriquecimiento, violencia psicológica y reducción a la servidumbre. Es por esto que el año pasado, Stöker había venido a analizarlas y se determinó apartar del cargo a Rosa, trasladándolo a Finca La Cruz. En aquella oportunidad también se apartó de la Iglesia de la Santa Cruz al padre José, que estaba como servidor mayor, y a la hermana María Luz.

LOS RELATOS

Yair tiene ahora 21 años y vive en La Plata. Contó que, primero, sufrió abuso por parte del cura Nicolás Parma, cuyo nombre religioso es Felipe. Sucedió en 2012, en Santa Cruz.
«Te voy a comer la boquita, te voy a partir en 8», le decía. Le tenía miedo. «Me llamó una vez a su pieza, me pidió que duerma la siesta con él, yo le dije que no. Me dijo que me acueste en su cama. Él estaba tapado y yo estaba vestido. Empezó a besarme el cuello y a acariciarme la espalda y las piernas. Mientras hacía eso, se masturbaba. Sentía cómo se movía y cómo gemía», según consigna TN. Cuando sucedió esto, le escribió al padre Rosa contándole. Recibió su llamado, lo invitó a regresar al Instituto pero en la sede de Salta. Allí, Yair le cuenta a TN, que fue abusado al menos otras cinco veces por el propio Rosa.
«Me volvió a pedir que nunca dijera nada de lo ocurrido y que cuidara el nombre del padre Felipe», dice Yair. Rosa, según conto el chico, le pidió que perdonara la debilidad de su colega y empezó a acercarse más a él. «Para abusar de los hermanos, el padre Agustín era muy astuto», asegura Valeria. «Se acercaba a ellos, les decía que había querido tener hijos y les decía que él los quería como tales. Después (les decía) ‘tu familia no te contiene, yo te contengo’; o ‘tu papá te abandona, yo no'». Yair relata lo mismo: «Me decía que mi papá no había estado en mi infancia y que él era mi nuevo papá». Yair y Valeria coinciden en el modus operandi de Agustín: «Le decía a los hermanos que tenían varicocele y les pedía que se bajaran los pantalones para revisarlos».
Por su parte, Valeria tiene 43 años y vive en Salta, es una exmonja. Denuncia que fue víctima del padre Rosa. Trabajó durante diez años a su lado y fue su mano derecha en 1997. A fines del 2005, Valeria le contó al padre Rosa que habían llegado a sus oídos historias de abusos sexuales dentro de la Iglesia, pero no le pudo dar nombres. «Bueno, entonces esto es un chusmerío. No quiero saber más nada», le contestó en aquel momento Rosa.
Ese mismo año, Valeria viajó a México luego de que el Instituto decidiera abrir una nueva sede en Toluca. El padre Agustín la visitó en esa ciudad y, dos días antes de que retornara a la Argentina, le dijo que se tenía que quedar allá. La noticia tomó por sorpresa a Valeria, pero aceptó.
curas

Allí, en Toluca, cinco años más tarde, recibiría nuevamente la visita de Rosa y se desataría un episodio que hoy forma parte de su denuncia judicial. Valeria denuncia cómo fue que el padre abusó de ella luego de una reunión: «Con las mujeres sentía rechazo y aversión, pero en una ocasión estábamos en una habitación de un convento en Toluca, Estado de México. Estando mi Superiora, la hermana María Luz, de nombre civil Daniel Mónica Olmos, el padre Rubén Agustín Rosa Torino me dijo que quería probar si a las monjas le quedaban mejor los cinturones que los cíngulos (cordones que se usan alrededor de la cintura) y en el momento en que mi superiora entra al baño de esa habitación, él se saca su cinturón y lo pasa por detrás de mi espalda diciendo: «Quedate quieta». Mientras lo hacía, hundió su rostro en mi pecho, en clara actitud sexual intimidatoria, abusando de su poder».

«Yo le grité asustada: ‘No, ¿qué hace Padre?’, le dije y lo retiré, con esfuerzo, de encima mío. Los minutos posteriores no los puedo recordar. Sólo sé que me subí a la camioneta y arranqué mientras mi superiora me decía una y otra vez por celular que vuelva, que el pobre Padre estaba tenso, que lo entendiera, que estaba solo, que los hermanos le habían hecho muchísimo desprecio. Regresé, pero no quise subir de nuevo a su habitación. Me quedé en el comedor del convento, mientras la hermana María Luz permaneció con él en su habitación», detalla Valeria en su presentación ante la Justicia.

Valeria volvió a la Argentina en 2010 y terminó quedándose. La aislaron, no tenía permiso para hacer nada. «La trataron de loca». En 2014 abandonó el Instituto.